domingo, 19 de diciembre de 2010

Tug tug tug



Es media noche, o tal vez ya de madrugada dependiendo como lo veas, y te estas congelando, porque tú, como un idiota, tiraste tu manta en medio de la noche. Esta casi por completo fuera de la cama, de hecho, solo un pequeño trozo de la manta, se ha quedado atorado en una esquina.

 Te sientas y la tomas en tus manos, sintiendo ese temor tan familiar de la infancia: que dice que si no encuentras algo para cubrirte por completo, te estarás dejando expuesto a toda clase de horrores sobrenaturales. Te encojes de hombros y pones una sonrisa tonta, le das un buen tirón a la cobija tratando de zafarla en un solo intento.

Pero no hay suerte. Parece estar realmente atorada.

Tiras una segunda vez, ahora con más fuerza y parece liberarse un poco. Sigues tirando una y otra vez, tratando de ignorar ese tonto sentimiento de miedo creciente. Tug. Tug tug tug… ¡Y lo obtienes! ¡Finalmente! La manta está casi de vuelta por completo en la cama y estas a salvo bajo esta una vez más, te burlas de ti mismo mentalmente por haber sentido miedo por nada.

Hasta que, justo antes de quedarte dormido,  sientes un tirón proveniente de la esquina de la cama donde la manta estaba atorada.

Tug tug tug. 

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